EDUCACIÓN Y DEPORTE

Este año, designado por la Comisión Europea como el de la educación a través del deporte, formación y actividad física se presentan como dos conceptos más unidos que nunca.

A mí me parece una idea extraordinaria. Por mi experiencia como maestro y como entrenador de baloncesto, durante más de treinta años, gran parte de ese tiempo simultaneando ambas tareas, tengo el convencimiento de que los jóvenes que dedican parte de su horario diario a una actividad deportiva seria, mucho mejor cuanto más organizada esté, son capaces de consolidar valores de gran trascendencia para la persona de una manera mucho más firme, consistente y definitiva.

Responsabilidad, lealtad, esfuerzo, colaboración, respeto a las reglas, preparación, sentido del compañerismo e, incluso, ese necesario grado de competitividad para moverse en la realidad laboral del siglo XXI, son ingredientes diarios en el mundo de la competición deportiva, tanto en modalidades individuales como colectivas.

Sinceramente, no conozco mejor escuela para la vida que un equipo de baloncesto; a veces, incluso, sin hacer las cosas muy bien.

A menudo, nos quejamos de la falta de motivación de nuestros jóvenes. Parece como si nada les interesara, algunos se pasan el día tumbados o frente al televisor, sin mostrar especial interés por casi nada.

El deporte es el mejor antídoto contra la desgana. Conozco muchos niños impacientes toda la tarde hasta que llega la hora del entrenamiento. Muchos padres me han comentado los problemas de sus hijos para conciliar el sueño la noche antes de un partido, y no precisamente por el miedo, sino más bien por la ilusión.

La hipermotivación de un adolescente por una actividad con una carga educativa tan notable como el deporte es un auténtico mirlo blanco, desaprovecharlo sería, además de un error imperdonable, una enorme estupidez.

José Maria Martín Urbano